- Windows 12 apostará por una arquitectura modular (CorePC) y una fuerte integración de inteligencia artificial en todo el sistema.
- Las funciones de IA más avanzadas exigirán equipos con NPU potente, al menos 16 GB de RAM y SSD de 256 GB.
- Se esperan cambios en la interfaz (barra de tareas flotante) y mayor soporte para procesadores ARM con emulación mejorada.
- La actualización desde Windows 11 probablemente será gratuita, pero muchos PC antiguos no accederán a todas las funciones de IA.
Windows 11 lleva ya un tiempo asentado, pero todo apunta a que Microsoft está poniendo el foco en su próximo gran sistema operativo. A falta de anuncio oficial, casi todo el mundo se refiere a él como Windows 12 y, aunque el nombre no está confirmado, sí tenemos una buena montaña de pistas, filtraciones y análisis que permiten hacerse una idea bastante clara de por dónde van los tiros.
Con el final del soporte de Windows 10 y la llegada de los llamados PC con IA, se espera que Windows 12 marque un salto importante en inteligencia artificial, arquitectura interna y soporte para nuevos procesadores. También se habla de cambios en la interfaz, requisitos más exigentes y un modelo de actualizaciones aún más cercano a la idea de “Windows como servicio”. Vamos a recorrer, con calma y en detalle, todo lo que se sabe y lo que se está barajando.
Fecha de lanzamiento de Windows 12 y estado del proyecto
A día de hoy, Microsoft no ha puesto sobre la mesa una fecha oficial ni ha confirmado siquiera que el sistema se llame Windows 12. Sin embargo, distintas fuentes coinciden en que el nuevo sistema operativo llegará en la segunda mitad de esta década, y casi todas las apuestas se mueven entre finales de 2025 y 2027.
Por un lado, hay quienes apuntan a que Microsoft aprovechará el fin de soporte de Windows 10, previsto para octubre de 2025, para empujar a los usuarios hacia la nueva generación. Esta teoría encaja con la idea de un lanzamiento en torno a ese mes, de forma similar a lo que ya se hizo con otros cambios de versión importantes.
Otras voces, apoyadas en análisis más conservadores y en los plazos habituales de la compañía (Windows 10 en 2015, Windows 11 en 2021), sitúan la ventana más probable entre finales de 2026 y octubre de 2027. En este escenario, la primera versión en fase previa (Insider Preview) se movería alrededor de mediados de 2026, con builds tempranas filtradas o vistas en los canales Canary y Dev mucho antes.
De hecho, se han detectado referencias internas a un nombre en clave, “Hudson Valley”, que marcaría la nueva etapa de Windows y que muchos vinculan directamente con Windows 12. También se han mencionado compilaciones de prueba, como una build 27547 que estaría circulando de forma muy limitada dentro del programa Insider antes de abrirse al público.
En paralelo, caminos alternativos ponen una fecha aproximada en julio de 2027 para las primeras versiones en vista previa y octubre de 2027 como posible salida de la versión final. No hay consenso absoluto, pero sí coincidencia en que el proyecto ya está en marcha y que la compañía está sentando sus bases a través de las grandes actualizaciones de Windows 11 (24H2, 25H2 y las que vengan).
Principales novedades y enfoque general de Windows 12
Más allá de la fecha, la gran pregunta es qué trae de nuevo. Todo apunta a que Windows 12 será un sistema operativo profundamente centrado en la inteligencia artificial y con una base técnica renovada para adaptarse mejor al hardware moderno, especialmente a los chips con NPU y a los procesadores ARM.
Una de las ideas que más se repite es que la IA pasará de ser un añadido a convertirse en uno de los pilares del sistema. No se trataría solo de tener Copilot como una ventana lateral, sino de un Windows verdaderamente “agentivo”: capaz de entender el contexto, automatizar tareas, sugerir acciones, buscar archivos por significado y no solo por nombre, y generar contenido directamente desde el escritorio o las aplicaciones.
En este escenario, Microsoft pretende que muchas de las funciones de IA funcionen en local, sin depender tanto de la nube. Para ello, los PC necesitarán NPUs (unidades de procesamiento neuronal) capaces de ejecutar modelos de IA con una potencia superior a 40 TOPS, algo que hoy ya se está viendo en las plataformas Copilot+ PC con procesadores Intel Core Ultra, AMD Ryzen AI o Qualcomm Snapdragon X.
También se espera que Windows 12 sea mucho más modular y adaptable a distintos tipos de dispositivos. La compañía lleva tiempo trabajando en conceptos como CoreOS o CorePC, que básicamente consisten en reconstruir Windows desde cero como un conjunto de componentes que se pueden encajar según el tipo de equipo: sobremesas potentes, portátiles ligeros, convertibles, consolas portátiles tipo PC, e incluso dispositivos ARM muy específicos.
Dentro de esa filosofía entra también la llamada “separación de estados”, un sistema que dividiría el sistema operativo en varias particiones o capas: una capa de sistema inmutable y protegida, otra de datos de usuario y otras particiones auxiliares que el usuario no puede tocar. Esto permitiría reinstalar el sistema, restaurar la configuración de fábrica o aplicar actualizaciones sin liarla con los archivos personales, además de mejorar la seguridad al aislar procesos críticos.
Inteligencia artificial en el núcleo de Windows 12
Si hay un hilo conductor claro, es la IA. Diferentes filtraciones y artículos de medios especializados, como ZDNet, coinciden en que la inteligencia artificial será uno de los ejes centrales del diseño de Windows 12, no solo un extra visual o un par de funciones vistosas.
La idea es convertirlo en un sistema operativo “agentivo de verdad”, donde Copilot deje de ser un panel flotante y pase a formar parte del propio corazón del sistema. Eso significa que prácticamente cualquier función podría estar mejorada por IA: búsqueda de archivos por concepto, resúmenes automáticos de documentos, traducción simultánea, organización inteligente del escritorio, automatización de flujos de trabajo, ayuda contextual más fina o incluso generación de contenido sin salir de las ventanas habituales.
Para conseguirlo, Microsoft está apostando fuerte por el uso de NPUs para ejecutar modelos de IA de forma local. Esto tiene varias ventajas: menos latencia, menos dependencia de la conexión a internet, mayor privacidad (los datos no se tienen que subir constantemente a la nube) y mejor rendimiento en tareas de IA intensivas.
En muchos análisis se da por hecho que las funciones más avanzadas de IA de Windows 12 exigirán una NPU con más de 40 TOPS de potencia, en línea con lo que ya se exige para la experiencia Copilot+ en Windows 11. Esto no significa que el sistema no pueda instalarse sin NPU, pero sí que algunas funciones quedarían limitadas o directamente desactivadas en equipos sin ese hardware.
Incluso se baraja el escenario de que existan dos variantes diferenciadas del sistema: una versión “agentiva” completa con IA avanzada, que requeriría NPU potente, 16 GB de RAM y SSD de al menos 256 GB, y otra versión más básica, sin IA o con IA muy limitada, con requisitos más modestos y pensada para equipos que ya están al límite con Windows 11.
Cambios de diseño e interfaz: barra flotante y estilo más moderno
A nivel visual, todo apunta a que Windows 12 seguirá el camino iniciado por Windows 11 pero con un rediseño algo más atrevido. Una de las ideas más comentadas es la llegada de una barra de tareas flotante, similar a lo que se ve en macOS, en lugar de la barra pegada al borde inferior que conocemos desde hace décadas.
Este cambio vendría acompañado de una reorganización del área de widgets y de la búsqueda. Es probable que los widgets pasen a ser un entorno más independiente de la propia barra, con paneles mejor integrados y menos sensación de “añadido” sobre el escritorio. También se habla de un sistema de búsqueda más rápido, inteligente y profundamente integrado con la IA, capaz de entender consultas complejas y resolverlas sin abrir tantas ventanas.
Por otra parte, se espera una evolución del lenguaje de diseño Fluent, con más transparencias, elementos flotantes, esquinas redondeadas mejor trabajadas y animaciones más fluidas. En algunos rumores se menciona incluso la posibilidad de fondos de pantalla animados e interactivos, que responderían al contexto o a la actividad del usuario, aunque este punto todavía está muy en el aire.
Los iconos, menús contextuales, panel de notificaciones y pantalla de bloqueo también recibirían un lavado de cara para lograr una experiencia más coherente y actual. La idea es que no se note ese “mezcladillo” visual que sigue existiendo en Windows 11 entre elementos modernos y menús heredados de versiones mucho más antiguas.
Además, Microsoft aprovecharía para reforzar sus servicios integrados: el navegador Edge con más funciones de IA, mejoras en la experiencia de Bing, y una integración más profunda con servicios en la nube para que resulte natural moverse entre dispositivos manteniendo documentos, ajustes y aplicaciones sincronizados.
Arquitectura modular: CoreOS, CorePC y separación de estados
Uno de los cambios más técnicos, pero también de los más importantes, es la transición hacia un Windows mucho más modular, basado en conceptos como CoreOS o CorePC. La idea es dejar atrás la estructura monolítica tradicional y pasar a un sistema dividido en componentes que se puedan añadir o quitar de manera más sencilla.
En este modelo, la base del sistema sería un núcleo o “core” sobre el que se montarían distintos módulos dependiendo del tipo de dispositivo y del uso previsto. Por ejemplo, un portátil de productividad, una consola portátil para juegos, un PC de sobremesa de alta gama o un equipo ARM ligero podrían compartir ese núcleo común, pero con combinaciones de componentes distintas según sus necesidades.
La llamada “separación de estados” encaja en esta misma filosofía. El sistema se instalaría en una partición protegida, los datos del usuario irían en otra zona independiente y habría otras particiones técnicas que el usuario ni ve ni toca. Esto facilita actualizaciones más rápidas (se actualiza la imagen del sistema sin tocar los datos), permite restaurar el sistema a estado de fábrica sin perder documentos y mejora la seguridad al impedir que el malware se meta tan fácilmente en las entrañas del SO.
Para los fabricantes de equipos (OEM), esta arquitectura modular supone mucha más flexibilidad a la hora de personalizar Windows 12. Podrían incluir solo los componentes necesarios, reducir “bloatware”, optimizar la imagen del sistema para su hardware y, en general, tener un producto más afinado desde el primer arranque.
Para el usuario final, el resultado debería traducirse en un sistema más estable, más rápido de actualizar, más seguro y, en teoría, con mejor rendimiento. Menos capas innecesarias, menos servicios corriendo sin utilidad y una base más limpia por debajo. Eso sí, todo dependerá de cómo ejecute Microsoft esta transición y de lo que permitan luego los OEM.
Soporte para procesadores ARM y optimizaciones específicas
Otro de los grandes frentes abiertos es el de la arquitectura ARM. Con Windows 11 ya se ha visto un empujón importante hacia estos procesadores, sobre todo con el lanzamiento de PCs con chips Snapdragon X y la apuesta por los Copilot+ PC. Con Windows 12, todo indica que este camino se reforzará aún más.
El objetivo es alcanzar una paridad real entre ARM y x86-64, tanto en rendimiento como en compatibilidad de aplicaciones. Esto implica mejorar todavía más el emulador (Prism u otros desarrollos sucesores) para que las aplicaciones diseñadas para x86 se ejecuten en ARM con un rendimiento casi nativo y sin problemas de estabilidad.
Se esperan también actualizaciones específicas para equipos ARM, del mismo modo que en Windows 11 se ha hablado de versiones diferenciadas como 26H1 para ARM y 26H2 para equipos x86-64. Windows 12 podría simplificar la imagen de cara al usuario, pero seguiría teniendo optimizaciones internas adaptadas a cada arquitectura.
En este contexto, la IA juega de nuevo un papel clave. Muchos chips ARM modernos incluyen NPUs potentes para ejecutar modelos de IA en local, y Windows 12 debería aprovechar este hardware con funciones concretas: procesado de voz y vídeo en tiempo real, reconocimiento de patrones, asistentes inteligentes o herramientas de productividad sin depender tanto de la nube.
En el plano de la compatibilidad, no se descarta que aparezcan ediciones más cerradas al estilo de lo que fue Windows 10X, limitadas a aplicaciones de la Microsoft Store y pensadas para ciertos dispositivos o entornos muy controlados. Sin embargo, la experiencia de Windows 10X, que terminó fracasando, hace que muchos vean este rumor con bastante cautela.
Requisitos mínimos estimados de Windows 12
Aunque no hay información oficial, se puede dibujar una estimación bastante razonable a partir de los requisitos de Windows 11 y de lo que exigen los PC Copilot+ actuales. Lo que prácticamente nadie discute es que Windows 12 será más exigente que Windows 11, sobre todo si queremos disfrutar de las funciones de IA más avanzadas.
En líneas generales, para la versión básica del sistema se habla de algo como:
- Procesador de 64 bits (ARM o x86), mínimo 1 GHz y 2 o más núcleos, con generaciones recientes (por ejemplo, Intel de 8ª generación en adelante o AMD Ryzen 3000 o superiores) como referencia razonable.
- Memoria RAM de al menos 8 GB como mínimo, dejando ya atrás los 4 GB que se piden a Windows 11.
- Almacenamiento de 64 GB como piso teórico, aunque muchos análisis apuntan a que Microsoft podría recomendar o incluso exigir SSD y elevar el mínimo real a unos 100-256 GB para equipos nuevos.
- TPM 2.0 y UEFI con Secure Boot activado, igual que ya ocurre con Windows 11.
- GPU compatible con DirectX 12 y pantalla de al menos 9 pulgadas con resolución igual o superior a 1366 x 768, aunque cada vez se da más por sentado el estándar 1080p.
- Conexión a Internet y cuenta de Microsoft para activar y sacar partido a todas las funciones conectadas.
Para la experiencia de IA avanzada (lo que muchos llaman ya “modo Copilot+” dentro de Windows 12), los requisitos se disparan. Ahí se habla de:
- NPU con al menos 40 TOPS de potencia para ejecutar modelos de IA localmente.
- 16 GB de RAM como mínimo recomendable.
- SSD de, al menos, 256 GB, dada la cantidad de datos y modelos que pueden gestionarse en segundo plano.
Si tu PC actual ejecuta Windows 11 con soltura y cumple con sus requisitos sin ir ahogado, es bastante probable que pueda mover la versión básica de Windows 12. Otra cosa es que pueda acceder a todas las virguerías de IA local sin actualizar hardware.
Windows 12 frente a Windows 11: continuidad y salto de generación
Comparar Windows 11 y Windows 12 ayuda a entender mejor qué quiere cambiar Microsoft y qué prefiere mantener. La sensación general es que Windows 12 no será una ruptura total, pero sí un salto importante en IA, arquitectura y requisitos, siguiendo un modelo de evolución continua más que un giro radical.
En el terreno de la inteligencia artificial, Windows 11 ofrece Copilot como panel lateral y unas cuantas funciones repartidas por el sistema. Windows 12 iría mucho más allá, con IA integrada en la búsqueda, en la gestión de ventanas, en el explorador de archivos, en aplicaciones nativas y en tareas del día a día.
En interfaz, Windows 11 apostó por la barra de tareas centrada, el diseño Fluent y un panel de widgets lateral. Windows 12 mantendría la línea visual pero con barra flotante, widgets más independientes, fondos interactivos y unificaría mejor la experiencia para que no se noten tanto los restos de versiones antiguas.
En arquitectura, Windows 11 sigue basándose en el kernel NT tradicional con un modelo de actualizaciones importantes cada año. Windows 12 abrazaría CorePC y la separación de estados, con una base modular más próxima a sistemas como macOS, lo que facilitaría actualizaciones más rápidas y ligeras.
En cuanto a requisitos, Windows 11 se conforma con 4 GB de RAM y no exige NPU. En Windows 12, la memoria mínima se doblaría hasta 8 GB y se pondría el foco en las NPUs para las funciones de IA. Esto implicará que muchos equipos antiguos se queden fuera de la experiencia completa a menos que se actualicen.
En disponibilidad y modelo de servicio, Windows 11 ya se comporta como un “Windows como servicio” con grandes actualizaciones periódicas. Windows 12 mantendría y afianzaría esta dinámica: se lanzaría como una gran versión nueva, pero seguiría evolucionando de forma continua con mejoras, funciones de IA adicionales y afinado del sistema a lo largo de los años.
Modelo de negocio, posibles suscripciones y licencias
Otra cuestión delicada es cómo va a ganar dinero Microsoft con todo esto. Se ha hablado bastante de un posible giro más agresivo hacia el modelo de suscripción, inspirado en lo que ya ocurre con Microsoft 365.
La idea que ronda muchos análisis es que Windows 12 podría mantenerse utilizable de manera normal sin cuota mensual, pero reservar ciertas funciones avanzadas de IA tras un muro de pago. Es decir, el sistema operativo sería el mismo para todos, pero habría características “premium” a las que solo se accedería pagando una suscripción mensual.
Estas funciones podrían incluir herramientas de IA más potentes, automatizaciones avanzadas, almacenamiento ampliado en la nube o servicios de soporte reforzado. Se manejan rangos de precios estimados de entre 10 y 20 dólares/euros al mes para que tenga sentido a nivel comercial y resulte razonablemente atractivo.
En cuanto a las licencias clásicas, es muy probable que Windows 12 siga un modelo similar al de Windows 10 y Windows 11. Eso implica que se ofrezca como actualización gratuita para la mayoría de usuarios con licencia válida de Windows 11 y, posiblemente, también para algunos usuarios de Windows 10 con equipos aún compatibles.
Sobre el precio de venta al público de una licencia completa, los cálculos se mueven en un rango parecido al de Windows 11 Pro, entre unos 259 y 399 euros en el canal oficial, con descuentos habituales en tiendas especializadas y distribuidores. Habrá ediciones Home, Pro, quizá Enterprise y variantes LTSC para empresas que prioricen estabilidad y soporte prolongado.
Para empresas, integradores y revendedores, se espera que sigan existiendo programas específicos con descuentos y acceso prioritario a las nuevas licencias, tal y como ocurre hoy con Windows Server, SQL Server o RDS. Windows 11 Enterprise 2024 LTSC, por ejemplo, tiene soporte hasta 2034, así que no hay prisa inmediata para saltar a Windows 12 en entornos críticos.
Actualización, compatibilidad y qué hacer si tu PC no cumple
Una de las grandes dudas de los usuarios es cómo podrán actualizar a Windows 12 y qué pasará con los equipos que no cumplan los requisitos. Si Microsoft repite la jugada de las últimas generaciones, la actualización se realizará principalmente a través de Windows Update.
En teoría, cuando Windows 12 esté listo, los equipos con Windows 11 compatibles recibirán un aviso en Windows Update ofreciendo la nueva versión como actualización gratuita, al menos durante un periodo promocional largo. También debería existir la opción de realizar una instalación limpia desde una unidad externa, como USB o disco de arranque (guía para crear medios de arranque), para quien prefiera empezar desde cero.
Para determinar si un PC es apto, es bastante probable que Microsoft lance una herramienta similar a la que utilizó con Windows 11, capaz de revisar automáticamente CPU, RAM, almacenamiento, TPM, Secure Boot y, en este caso, también la presencia o no de una NPU con potencia suficiente.
Si el equipo no llega al nivel exigido por la versión agentiva con IA, hay varias posibilidades. Una de ellas es que el usuario se quede con Windows 11, que seguirá con soporte muchos años y que ya ha ido recibiendo funciones de IA con las actualizaciones 24H2, 25H2 y posteriores.
Otra opción es que el usuario instale una edición de Windows 12 con IA limitada o sin IA avanzada, que no requiera NPU y pueda funcionar con menos memoria y menos almacenamiento. En este supuesto, se renunciaría a parte de las novedades, pero se mantendría el sistema actualizado y seguro.
En el caso de PC muy antiguos o de usuarios que prefieran no cambiar de hardware, se pueden considerar alternativas como seguir con Windows 10 LTSC (si se dispone de esa edición) o dar el salto a alguna distribución Linux, especialmente si el uso del equipo es más sencillo o no depende de aplicaciones específicas de Windows.
Si estás pensando en comprar o montar un PC nuevo con vistas a Windows 12, la recomendación general es clara: apuesta por 16 GB de RAM como mínimo y por una CPU que incluya NPU dedicada. Procesadores como Intel Core Ultra, AMD Ryzen AI o los últimos Qualcomm Snapdragon X te pondrán en la pole position para aprovechar todo lo que venga.
Termina quedando un panorama en el que Windows 12 se perfila como un paso clave hacia un sistema operativo mucho más inteligente, modular y adaptado al hardware moderno, pero que al mismo tiempo obligará a muchos usuarios a plantearse seriamente la actualización de sus equipos. Aunque todavía faltan detalles oficiales, lo que ya se sabe y se intuye deja claro que la próxima gran versión de Windows no será un simple lavado de cara, sino un cambio de fondo que marcará la experiencia en PC durante los próximos años.
