Virus informáticos: tipos, ejemplos reales y cómo protegerte

Última actualización: 31/01/2026
  • Los virus informáticos son programas maliciosos capaces de replicarse, propagarse y ejecutar una carga útil que puede ir desde robo de datos hasta el cifrado completo del sistema.
  • Existen múltiples tipos: residentes, de acción directa, de sector de arranque, de macros, polimórficos y otros, además de malware relacionado como troyanos, spyware, adware, ransomware y rootkits.
  • Se distribuyen sobre todo por correos, descargas inseguras, dispositivos externos y webs vulnerables, por lo que la actualización de sistemas, el uso de antivirus y la prudencia al hacer clic son claves.
  • En entornos empresariales, las copias de seguridad, las políticas de seguridad y el apoyo de especialistas en ciberseguridad resultan esenciales para reducir riesgos y garantizar la continuidad del negocio.

Ilustración genérica de virus informáticos

Los virus informáticos llevan décadas dando guerra y, aun así, siguen siendo uno de los tipos de malware que más quebraderos de cabeza provocan en hogares y empresas. No solo pueden dejar tu ordenador inutilizado, también son capaces de robar credenciales bancarias, bloquear toda la información de una compañía o abrir la puerta a otros ataques más avanzados sin que nadie se entere.

Hoy en día convivimos con ellos en el correo, el móvil, la nube o las redes sociales, y basta con un clic desafortunado para que se cuelen en el sistema. Entender cómo se propagan, qué clases de virus existen y qué consecuencias tienen es clave para blindar tus dispositivos. Además, veremos buenas prácticas de ciberseguridad y por qué, en entornos profesionales, apoyarse en especialistas marca la diferencia.

Qué es exactamente un virus informático y cómo se propaga

Concepto de seguridad frente a virus informáticos

Un virus informático es un programa o fragmento de código malicioso diseñado para copiarse y extenderse de un dispositivo a otro, normalmente sin el permiso ni el conocimiento del usuario. Puede modificar archivos, ralentizar el sistema, espiar lo que hacemos, cifrar nuestros datos o incluso tomar el control completo del equipo.

Su comportamiento recuerda al de los virus biológicos: necesita “infectar” un archivo, un sector del disco, un documento o un proceso, y desde ahí se replica. Muchos permanecen ocultos hasta que se cumple una condición (una fecha concreta, abrir un fichero específico, reiniciar el equipo…), momento en el que ejecutan su “carga útil”, es decir, la parte del código que hace el daño real.

La carga útil puede ir desde simples bromas hasta ataques devastadores: borrado masivo de información, robo de contraseñas y tarjetas, secuestro de un servidor completo o incorporación del equipo a una red de bots (botnet) para lanzar otros ataques. Por eso se suelen combinar virus clásicos con otros tipos de malware como troyanos, ransomware, spyware o keyloggers.

Los canales de propagación más habituales siguen siendo bastante predecibles, pero no por ello menos efectivos:

  • Correos electrónicos y SMS con adjuntos o enlaces maliciosos (phishing, suplantaciones, “facturas” falsas, sorteos, etc.).
  • Dispositivos USB y discos externos conectados a distintos ordenadores sin comprobar su seguridad.
  • Descarga de programas, cracks y apps desde webs poco fiables, portales pirata o repositorios no oficiales.
  • Páginas web preparadas para explotar vulnerabilidades del navegador o de complementos obsoletos.
  • Redes sociales y apps de mensajería instantánea que difunden enlaces infectados entre contactos.
  • Aprovechamiento de fallos de seguridad en sistemas operativos y software que no se han actualizado.

Las consecuencias de una infección pueden ser muy serias: robo o cifrado de datos críticos, suplantación de identidad, hackeo de cuentas, extorsión económica o paralización total de la actividad de una empresa durante días.

Principales tipos de virus informáticos clásicos

Diferentes tipos de virus informáticos

Aunque hoy se hable mucho de ransomware o troyanos, los virus “de toda la vida” siguen existiendo y con frecuencia se combinan con otras amenazas. Estos son los tipos más representativos que conviene conocer.

Virus residentes en memoria

Los virus residentes se cargan directamente en la memoria del ordenador y permanecen activos mientras el sistema está encendido. Se enganchan al propio sistema operativo para interceptar operaciones como abrir, cerrar, copiar o renombrar archivos, y aprovechan ese momento para extenderse.

La peligrosidad de este tipo de virus radica en que se mantienen aunque cierres el programa original; mientras no reinicies o limpies la memoria, el código sigue funcionando en segundo plano. Muchos se “duermen” hasta que llega una fecha concreta o el usuario realiza una acción específica.

Virus de acción directa

Los virus de acción directa son más “impulsivos”: actúan justo al ejecutarse. Normalmente se asocian a archivos aparentemente inofensivos; en cuanto el usuario los abre, el virus infecta otros ficheros en la misma carpeta o en rutas concretas, como las definidas históricamente en archivos de arranque (por ejemplo autoexec.bat en sistemas antiguos).

  Usar iPhone como Segundo Monitor en Cualquier PC

Este tipo de virus no permanece de forma constante en memoria, sino que se activa cada vez que se ejecuta el archivo infectado, propagándose a nuevos objetivos e incluso a dispositivos externos como memorias USB conectadas en ese momento.

Virus de sobreescritura

Los virus de sobreescritura son especialmente destructivos porque sustituyen la información original de los archivos infectados por su propio código. A simple vista el tamaño del fichero no cambia, pero su contenido queda inutilizado y el programa deja de funcionar.

La única forma real de eliminar un virus de sobreescritura es borrar el archivo afectado, con la pérdida definitiva de los datos. La parte “positiva” es que el daño es muy evidente, por lo que es más fácil detectar que algo raro está pasando.

Virus de sector de arranque

Los virus de sector de arranque atacan una zona crítica del disco duro, donde se guarda la información que el sistema necesita para iniciar el equipo. Si este sector se corrompe o es reemplazado por código malicioso, el ordenador puede dejar de arrancar o quedar bajo el control del atacante desde el primer momento.

Suelen propagarse mediante dispositivos extraíbles infectados: al arrancar desde un USB comprometido, el virus se copia al sector de arranque del disco principal. A partir de ahí, cada encendido ejecuta primero el código del atacante.

Virus de macros

Los virus de macros aprovechan la posibilidad de ejecutar mini-programas dentro de documentos ofimáticos (como archivos de Word, Excel o PowerPoint). Estos macros sirven para automatizar tareas, pero también pueden usarse para descargar malware adicional o ejecutar acciones peligrosas.

En cuanto el usuario abre un documento con macros maliciosos y permite su ejecución, el virus puede replicarse en plantillas, otras hojas de cálculo o documentos, extendiéndose rápidamente por la red de la empresa, sobre todo si se comparten archivos por correo.

Virus polimórficos

Los virus polimórficos son maestros del disfraz. Cada vez que infectan un sistema o se copian a otro archivo, modifican su propia estructura interna cifrándose con algoritmos y claves diferentes. La funcionalidad se mantiene, pero la “firma” que ve el antivirus cambia.

Esto complica mucho la detección basada únicamente en firmas tradicionales, obligando a usar técnicas más avanzadas como el análisis heurístico, el comportamiento en tiempo real o los motores de aprendizaje automático que detectan patrones sospechosos.

Virus FAT (Tabla de asignación de archivos)

Los virus que atacan la tabla FAT se dirigen a la parte del disco que indica dónde está cada archivo, qué espacio está libre y qué bloques no deben usarse. Si esa tabla se corrompe, el sistema deja de saber dónde están realmente los datos.

El resultado puede ser la imposibilidad de acceder a archivos individuales o incluso a carpetas enteras, con el riesgo de pérdida masiva de información aunque físicamente siga en el disco.

Virus de secuencias de comandos web

Los virus de scripts web se aprovechan del código que ejecutan los navegadores al visitar una página (JavaScript, por ejemplo). Si la web está comprometida o diseñada con mala intención, puede ejecutar acciones no deseadas en el equipo del visitante.

Entre los efectos posibles están el robo de credenciales, la instalación silenciosa de malware o el secuestro del navegador para redirigir a páginas de phishing y publicidad agresiva. Los navegadores modernos incluyen defensas, pero si están desactualizados, dejan la puerta entreabierta.

Secuestradores de navegador

Un hijacker o secuestrador de navegador modifica la configuración de este sin permiso del usuario: cambia la página de inicio, fuerza el uso de un buscador concreto, añade barras de herramientas extrañas o redirige determinadas URLs a sitios maliciosos.

Su objetivo suele ser generar ingresos ilegítimos con publicidad o llevar al usuario a webs preparadas para robar datos (phishing) o instalar más adware y spyware. A veces vienen empaquetados con programas “gratuitos” descargados de portales dudosos.

Infectores de archivos y virus de red

Los infectores de archivos modifican ejecutables clave del sistema operativo o de programas importantes, inyectando en ellos su código. Cada vez que el sistema arranca o se lanza la aplicación, el virus se pone en marcha y continúa extendiéndose.

Cuando estos mecanismos se combinan con capacidades de propagación en red, hablamos de virus de red o gusanos: se mueven de un equipo a otro aprovechando vulnerabilidades en servicios compartidos, puertos abiertos o credenciales débiles, saturando recursos y facilitando infecciones masivas en muy poco tiempo.

  Cómo Usar Verificación NFC En iPhone

Malware relacionado: troyanos, spyware, adware, ransomware y otros

Amenazas de malware y virus informáticos

Aunque no todos son “virus” en sentido estricto, hay muchas familias de malware que suelen mencionarse en el mismo saco porque conviven, se complementan y suelen llegar por las mismas vías.

Troyanos (Trojan Horse)

Un troyano se hace pasar por algo útil o atractivo (un juego, una herramienta “premium” gratis, un visor de documentos…) pero esconde en su interior código malicioso. Cuando el usuario lo instala o lo ejecuta, el atacante obtiene el control que buscaba.

Desde dentro del sistema, el troyano puede robar información sensible, abrir una puerta trasera, instalar más malware o integrar el equipo en una botnet. Para minimizar el riesgo, conviene evitar descargas de fuentes poco claras, desconfiar de cracks y parches mágicos y analizar siempre los archivos con una solución de seguridad fiable.

Spyware

El spyware se centra en espiar la actividad del usuario sin que este lo note: registra contraseñas, hábitos de navegación, formularios que se rellenan o incluso capturas de pantalla. Todo eso se envía al atacante, que puede usarlo para robo de identidad, accesos a cuentas o venta de datos.

Muchas veces llega camuflado dentro de instaladores “gratuitos” o barras de herramientas. Para combatirlo, es clave mantener un buen antivirus/antimalware al día, revisar qué programas instalamos y usar extensiones de navegador que bloqueen rastreadores y webs de dudosa reputación.

Adware

El adware bombardea al usuario con anuncios no deseados en ventanas emergentes, banners incrustados o redirecciones constantes a páginas comerciales. Aunque en teoría persigue sobre todo beneficio económico, también puede servir como puerta de entrada a amenazas mayores.

Suele colarse junto con software gratuito si durante la instalación no desmarcamos casillas de “ofertas adicionales”. Por eso es tan importante leer con calma cada asistente de instalación y rechazar todos los componentes que no sean estrictamente necesarios.

Ransomware

El ransomware se ha convertido en uno de los ataques más dañinos para empresas y particulares. Cifra los archivos del dispositivo (documentos, bases de datos, fotos, backups conectados…) y muestra un mensaje exigiendo un pago, normalmente en criptomonedas, a cambio de la clave de descifrado.

En muchos casos, aunque se pague, no hay garantías de recuperar los datos y, además, se financia a los propios delincuentes. La mejor protección pasa por mantener copias de seguridad desconectadas (off‑site o en la nube), extremar la precaución con adjuntos y enlaces sospechosos y usar soluciones de seguridad con protección específica frente a ransomware.

Rootkits

Los rootkits están diseñados para ocultar la presencia de otros malware en el sistema. Actúan a muy bajo nivel (incluso en el núcleo del sistema operativo) y pueden esconder procesos, archivos y conexiones, dificultando enormemente su detección.

Un rootkit bien instalado permite a un atacante mantener acceso persistente y casi invisible, lo que convierte su eliminación en una tarea delicada que, en ocasiones, requiere formatear por completo el equipo o restaurarlo desde una copia de seguridad limpia.

Gusanos (Worms)

El gusano es un tipo de malware capaz de propagarse automáticamente por redes y sistemas, sin que el usuario tenga que ejecutar nada. Aprovecha fallos de seguridad en servicios expuestos o credenciales débiles para replicarse y saturar recursos.

Su gran peligro está en la velocidad de expansión: en muy poco tiempo puede infectar cientos o miles de equipos, degradando el rendimiento de la red, provocando caídas de servicio y, en muchos casos, distribuyendo otros tipos de malware en paralelo.

Cómo atacan los virus y qué daños pueden causar

Impacto de un virus informático en empresas

Casi todos los virus comparten una estructura básica: una parte encargada de propagarse e infectar nuevos elementos y una carga útil que ejecuta la acción dañina. Esa acción puede ser relativamente inocua (mostrar mensajes en pantalla) o extremadamente grave.

Entre las consecuencias más habituales de una infección encontramos:

  • Robo o filtración de datos corporativos, credenciales, documentos confidenciales, etc.
  • Cifrado o borrado de información, con impacto directo en la continuidad del negocio.
  • Suplantación de identidad y hackeo de cuentas de correo, redes sociales, banca online o servicios en la nube.
  • Extorsión económica, ya sea mediante ransomware o chantajes con datos robados.
  • Pérdidas financieras indirectas por paradas de producción, imagen de marca dañada o sanciones regulatorias.

Para los usuarios domésticos el daño puede ir desde la pérdida de fotos personales hasta el vaciado de una cuenta bancaria, mientras que para una pyme un incidente grave puede implicar días sin facturar, pérdida de clientes o incluso el cierre si no hay un buen plan de respuesta.

  Televisores Mini LED: tecnología, ventajas y guía para elegir

Buenas prácticas para evitar virus informáticos

Consejos para evitar virus informáticos

La mejor defensa frente a un virus informático es una combinación de tecnología y buenas prácticas de seguridad informática. No hay un escudo perfecto, pero sí se puede reducir muchísimo el riesgo si adoptamos ciertas rutinas.

Mantén sistemas y programas al día

Actualizar el sistema operativo, el navegador y el resto de aplicaciones no es un capricho: cada parche corrige vulnerabilidades que los atacantes pueden aprovechar. Retrasar esas actualizaciones es como dejar la puerta del portal abierta de madrugada.

Instala y cuida tu antivirus

Un buen antivirus o suite de seguridad es imprescindible para detectar y bloquear virus, gusanos, troyanos y demás malware antes de que se ejecuten. Eso sí, de poco sirve si no se mantiene actualizado o si desactivamos módulos “porque molestan”.

Cuidado con correos y enlaces sospechosos

El correo electrónico sigue siendo una de las principales vías de entrada de malware. Desconfía de adjuntos inesperados, remitentes desconocidos, mensajes alarmistas o supuestas facturas y multas que te piden abrir un archivo comprimido o habilitar macros.

Lo mismo aplica a enlaces en redes sociales o apps de mensajería: si un contacto te manda algo raro, pregúntale por otro canal antes de pinchar.

Descarga solo desde sitios fiables

Evita webs de descargas pirata, cracks y repositorios no oficiales, por muy tentadora que sea la oferta. Muchos virus y troyanos viajan empaquetados en ese tipo de archivos y no se activan hasta que el usuario los ejecuta.

Contraseñas robustas y doble factor

Usar la misma contraseña débil en todos los servicios es regalarle la llave maestra al atacante. Apuesta por contraseñas largas y únicas, preferiblemente gestionadas con un gestor de contraseñas, y activa la autenticación en dos pasos siempre que puedas.

Cortafuegos y configuración de red

Un cortafuegos bien configurado ayuda a controlar el tráfico entrante y saliente, bloqueando conexiones no autorizadas que puedan usar los virus para comunicarse con sus servidores de mando y control.

En la medida de lo posible, evita conectarte a redes Wi‑Fi públicas sin protección y utiliza una VPN si necesitas acceder a información sensible desde fuera de casa o de la oficina.

Copias de seguridad periódicas

Sin copias de seguridad recientes y verificadas, cualquier incidente de malware puede convertirse en una catástrofe. Haz backups regulares de los datos importantes en soportes externos o en la nube y comprueba de vez en cuando que realmente se pueden restaurar.

Formación y concienciación

El eslabón más débil casi siempre es la persona que está delante del teclado. Invertir en formación en ciberseguridad (Security Awareness) para el equipo, tanto en empresas como en entornos educativos, reduce de forma drástica los clics imprudentes y las instalaciones de software dudoso.

Por qué muchas empresas recurren a especialistas en ciberseguridad

En un entorno doméstico bastan buenas prácticas y un par de herramientas bien configuradas, pero en una empresa con varios empleados, servicios críticos y datos sensibles, la película cambia por completo.

Las amenazas evolucionan muy rápido y los atacantes van un paso por delante de las defensas más básicas. Por eso muchas pymes se apoyan en proveedores de soluciones informáticas y empresas especializadas en ciberseguridad para:

  • Diseñar e implantar políticas de seguridad ajustadas al negocio (accesos, contraseñas, uso de dispositivos, etc.).
  • Monitorizar la red y los sistemas de forma continua para detectar actividad anómala antes de que el daño sea irreparable.
  • Gestionar copias de seguridad, planes de contingencia y recuperación ante desastres, fundamentales frente a ransomware.
  • Formar a usuarios y responsables, reduciendo el riesgo asociado al error humano.

Contar con un socio tecnológico que se dedique a “apagar fuegos” antes de que empiecen permite que la empresa se centre en su actividad principal sin vivir pendiente de cada correo sospechoso o cada actualización crítica que aparece.

Entender cómo funcionan los virus informáticos, qué tipos existen y qué puertas suelen aprovechar es el primer paso para no caer en sus trampas; combinar esa visión con buenos hábitos, copias de seguridad y, cuando toca, la ayuda de profesionales hace que convivir con estas amenazas sea mucho más llevadero y que un simple clic desafortunado no acabe convirtiéndose en un problema mayúsculo.

seguridad informática
Artículo relacionado:
Seguridad informática: claves, tipos, riesgos y buenas prácticas