Qué es el egosurfing, para qué sirve y cómo hacerlo bien

Última actualización: 02/05/2026
  • El egosurfing consiste en buscar tu propia información en Internet para controlar tu identidad y reputación digital.
  • Aplicando búsquedas estratégicas en buscadores, redes sociales y Google Alerts puedes detectar datos sensibles y suplantaciones.
  • Si encuentras contenido comprometido, puedes configurarlo, pedir su eliminación o ejercer derechos como el derecho al olvido.
  • Practicar egosurfing con regularidad, junto a buenos hábitos de seguridad y privacidad, reduce notablemente los riesgos online.

egosurfing y reputación digital

Dedicar unos minutos a curiosear qué dice Internet de nosotros se ha vuelto casi un gesto cotidiano… pero detrás de esa aparente simpleza hay mucho más que pura curiosidad. Cada foto que subes, cada comentario que escribes y cada formulario que rellenas dejan una huella digital que cualquiera puede rastrear si sabe dónde mirar. Y no solo hablamos de lo que tú publicas, sino también de lo que publican otros sobre ti o de lo que se filtra tras una brecha de seguridad.

A esa práctica de buscarte a ti mismo en buscadores, redes sociales y otras plataformas se la conoce como egosurfing, una herramienta básica de autocuidado digital. No es un capricho ni un juego de vanidad: sirve para controlar qué datos personales se ven en abierto, detectar posibles suplantaciones de identidad, localizar filtraciones de información sensible y usar tus derechos -como el derecho al olvido- para borrar aquello que no debería estar ahí.

Qué es el egosurfing y por qué importa tanto

El término egosurfing surge de juntar el prefijo “ego” (yo) con el verbo inglés “surfing” (navegar). Literalmente, «navegar sobre uno mismo». En la práctica, consiste en rastrear en Internet qué aparece sobre ti: tu nombre, apellidos, DNI, correo electrónico, teléfono, fotos, vídeos, opiniones, documentos oficiales o datos profesionales, tanto en buscadores como en redes sociales y otras plataformas.

Todo ese conjunto de datos conforma tu identidad digital o huella digital. Igual que tu reputación fuera de la red puede verse dañada por un rumor o un malentendido, tu imagen online puede quedar tocada por publicaciones antiguas, información descontextualizada, datos personales filtrados o incluso por perfiles falsos que se hacen pasar por ti.

Además, muchos de esos datos no los has publicado tú directamente. Pueden aparecer en boletines oficiales, listados empresariales, foros, webs de terceros, medios de comunicación o redes sociales de otras personas que comparten contenido en el que sales sin preguntar.

Con el egosurfing, el objetivo es saber con precisión qué aparece sobre ti, quién lo ha publicado, desde cuándo está visible y qué riesgos supone para tu privacidad, tu seguridad y tu reputación, tanto personal como profesional.

Identidad digital, huella digital y riesgos de no controlarlas

Cuando navegas, compras, chateas o subes contenido, vas dejando un rastro constante. Esa combinación de datos de registro, actividad en redes, historiales de compra y datos técnicos de tus dispositivos se convierte en una mina de oro para empresas… y también para ciberdelincuentes.

Informes recientes estiman que cada persona genera una media de más de 100 megabytes de datos por minuto en Internet: fotos, vídeos, comentarios, datos de ubicación, hábitos de sueño mediante wearables, historial médico en apps de salud, preferencias políticas, etc. Mucha de esa información termina gestionada por grandes plataformas que la usan bajo marcos legales de protección de datos, pero también es un objetivo muy jugoso para ataques y filtraciones.

Cuando una empresa o institución sufre una brecha de seguridad, parte de la información que custodiaba puede quedar expuesta: correos electrónicos, teléfonos, contraseñas cifradas, direcciones postales o incluso documentos internos. Esos datos acaban a menudo a la venta en foros de la dark web o en manos de bandas especializadas en fraude y suplantación de identidad.

Si no controlas de vez en cuando qué se ve sobre ti, es fácil que un tercero aproveche tu huella digital pública para orquestar ataques muy personalizados: phishing, vishing, smishing, fraudes bancarios, estafas de inversión o engaños que imitan a tu banco, a tu empresa de mensajería o incluso a familiares.

En redes sociales, compartir sin filtro puede revelar detalles delicados: dirección de tu casa, matrícula del coche, centro escolar de tus hijos, horarios en los que no estás en casa o información de salud o financiera que nunca debería ser pública. Todo esto se suma a la posibilidad de que alguien utilice tus fotos o datos para abrir perfiles falsos o acosarte.

Qué es exactamente el egosurfing (definición práctica)

Si lo aterrizamos al día a día, el egosurfing es buscar tu propio rastro en Internet usando diferentes herramientas: buscadores generales, buscadores de imágenes, redes sociales, foros, webs de contactos, plataformas profesionales, etc., para ver qué aparece de ti y tomar decisiones en consecuencia.

La versión más básica del egosurfing es puramente superficial: escribir tu nombre y apellidos en un buscador general -por ejemplo, Google o Bing- y ver los primeros resultados. A poco que rasques, comprobarás que también aparecen fotos, publicaciones antiguas, menciones en foros, reseñas, comentarios en blogs y perfiles olvidados.

Si profundizas más y aplicas métodos sistemáticos de búsqueda en múltiples fuentes abiertas (Open Source Intelligence u OSINT), puedes llevar el egosurfing a un nivel semi-profesional: rastrear con detalle tu información en redes, webs oficiales, bases de datos públicas, registros empresariales, deep web, etc., siempre dentro de la legalidad.

En cualquier caso, la idea central es la misma: tomar el control de tu presencia online. Saber qué imagen proyectas, qué datos sensibles están en abierto y qué deberías borrar, ocultar o pedir que eliminen otros.

Principales motivos para practicar egosurfing

Practicar egosurfing con cierta regularidad tiene muchas ventajas prácticas. No es solo «mirarse el ombligo digital», sino una herramienta de seguridad y de gestión de tu reputación. Entre las razones más importantes destacan varias.

La primera es tener control real sobre la información expuesta sobre ti. Al revisar resultados, puedes separar tres grandes tipos de datos: información que basta con que sea pública (por ejemplo, si quieres darte a conocer profesionalmente), datos que podrías haber evitado publicar (pero no son gravísimos) y datos que nunca deberían estar visibles, como tu documento de identidad, tu número de teléfono personal combinado con tu dirección, finanzas, informes médicos o detalles íntimos.

Otra razón clave es cuidar tu reputación online. Hoy en día, muchas empresas, reclutadores y clientes potenciales buscan a los candidatos en Internet antes de tomar decisiones. Lo que aparezca sobre ti -fotos, comentarios, polémicas antiguas, opiniones extremas- puede darte puntos o quitártelos sin que tú te enteres. Revisar esa imagen te permite proteger tu marca personal y evitar que un contenido desafortunado te cierre puertas laborales o académicas.

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Además, el egosurfing te ayuda a saber si alguien está suplantando tu identidad. Es relativamente frecuente que aparezcan perfiles en Facebook, Instagram, X (antes Twitter), TikTok o LinkedIn que usan tus fotos, tu nombre o tus datos para engañar a otras personas. Detectarlos pronto es fundamental para denunciarlos a la plataforma y cortar el problema de raíz.

En contextos más sensibles -profesiones de seguridad, fuerzas y cuerpos de seguridad, inteligencia, ciberseguridad, personas con alta exposición pública o que viajan a países donde ciertas ideas se persiguen- el egosurfing sirve para reducir la superficie de exposición. Es decir, evitar que se puedan asociar fácilmente tus opiniones políticas, tus datos familiares o tus rutinas personales a tu identidad real, por motivos de seguridad.

Por último, dominar las técnicas de egosurfing y de búsqueda avanzada en fuentes abiertas puede convertirse incluso en una habilidad profesional muy valiosa, tanto para analizar riesgos de tu propia organización como para investigar a la competencia o ejercer como analista de inteligencia en el ámbito público o privado.

Cómo practicar egosurfing paso a paso

El egosurfing no requiere ser un experto en informática. Con una conexión a Internet y algo de método es más que suficiente para empezar. Aun así, conviene hacerlo con cierta sistemática para no pasar cosas por alto y repetir el proceso de forma periódica.

Un buen punto de partida es definir previamente qué datos vas a buscar y cómo los vas a combinar. No te limites solo al nombre y apellidos: piensa en apodos, correos antiguos, nicks de videojuegos, números de teléfono, direcciones postales presentes o pasadas, lugares de trabajo, centros de estudio, etc.

También es útil anotar en algún sitio -un documento o una hoja de cálculo sencilla- qué búsquedas haces y qué resultados relevantes encuentras. De ese modo, cuando vuelvas a practicar egosurfing dentro de un tiempo podrás comparar si ha aparecido información nueva o ha desaparecido algo.

En la práctica, vas a utilizar varias herramientas complementarias: buscadores generales (texto e imágenes), redes sociales, servicios de alertas como Google Alerts, buscadores menos conocidos y, si quieres afinar aún más, plataformas para comprobar filtraciones de datos y contraseñas.

Herramientas útiles para hacer egosurfing

Para rastrear tu huella digital, no necesitas un arsenal técnico, pero sí saber exprimir las herramientas gratuitas que tienes al alcance. Las más importantes son los buscadores generales, Google Alerts, las redes sociales y algunos servicios específicos para verificar filtraciones.

Buscadores generales (Google, Bing, DuckDuckGo, etc.) son la columna vertebral del egosurfing. En ellos puedes escribir tu nombre y apellidos entre comillas -por ejemplo, «María López»- para obtener resultados con esa cadena exacta, evitando que se mezclen con personas que comparten solo parte del nombre. También puedes probar con variantes: apellidos delante, con segundo nombre, con y sin tildes, añadiendo tu ciudad u organización.

No te limites a un solo buscador. Además de Google, merece la pena revisar en Bing, Yahoo!, Ecosia, DuckDuckGo, Yandex, Baidu o Ask. Cada uno indexa la información de forma ligeramente distinta y puede mostrar resultados que otros no enseñan con la misma facilidad.

En paralelo, usa Google Imágenes u otros buscadores de imágenes para ver si tus fotos de perfil, imágenes compartidas en redes o fotos que creías privadas aparecen en otras webs o cuentas. El reconocimiento visual hace cada vez más sencillo que terceros reutilicen imágenes sin permiso.

Otro recurso especialmente útil es Google Alerts, un servicio gratuito que te permite recibir avisos por correo electrónico cuando se publican nuevas páginas que contengan determinadas palabras clave (por ejemplo, tu nombre, tu correo o tu DNI). De este modo, no dependes solo de hacer búsquedas manuales: el sistema te avisa automáticamente cuando algo nuevo se indexa.

Por último, existen páginas que te ayudan a comprobar si tu correo o tus contraseñas han salido comprometidos en filtraciones masivas. Una de las más conocidas es Have I Been Pwned, donde introduces tu dirección de email y el sistema te indica, a partir de bases de datos públicas de brechas, si ese correo aparece en algún incidente de seguridad conocido.

Cómo usar Google Alerts y buscadores para egosurfear

Configurar bien Google Alerts te ahorra tiempo y te da una especie de “radar continuo” sobre lo que se publica de ti. El proceso es sencillo, pero conviene elegir bien las combinaciones de búsqueda para no llenarte la bandeja de ruido.

Para empezar, accede a la página de Google Alerts desde tu navegador e inicia sesión con tu cuenta. En la barra de búsqueda, introduce los términos que quieres monitorizar. Las combinaciones más habituales para egosurfing son tu nombre y apellidos entre comillas, tus apellidos seguidos del nombre (separados por coma y entre comillas), tu nombre completo entre comillas más tu ciudad fuera de las comillas, tu dirección postal entrecomillada, tu correo electrónico, tu número de teléfono y, en algunos países, el número de documento de identidad con la letra.

Es muy importante utilizar las comillas dobles para aquellas cadenas que quieras que aparezcan exactamente tal cual. Así, el buscador ignorará resultados donde solo coincida una parte del nombre o estén en otro orden. Después, en las opciones avanzadas, puedes ajustar la frecuencia de las alertas (en el momento, una vez al día, una vez a la semana), el idioma, la región y la cantidad de resultados (solo los mejores resultados o todos).

En los buscadores, además de escribir tu nombre y apellidos, conviene probar variaciones más amplias. Por ejemplo, puedes buscar tu nombre entre comillas seguido de tu ciudad, de tu empresa actual, de tu antiguo centro de estudios o de un apodo que uses en redes. De esta manera, es posible localizar menciones en noticias locales, boletines corporativos o publicaciones que de otra forma no aparecerían.

No olvides revisar la pestaña de imágenes y de vídeos de los principales buscadores. Muchas veces, fotos antiguas de redes sociales, blogs personales o participaciones en eventos aparecen indexadas y pueden darte pistas de dónde se alojan los contenidos que quieres controlar.

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Egosurfing en redes sociales, foros y otras plataformas

Las redes sociales son el lugar donde más exponemos nuestra vida diaria, y a la vez son uno de los puntos más delicados desde el punto de vista de la privacidad y la seguridad. Aunque pienses que tienes tu perfil “cerrado”, siempre hay secciones públicas o contenidos que se escapan.

La mayoría de plataformas -Instagram, Facebook, X, TikTok, LinkedIn, YouTube, foros, webs de contactos- incorporan un buscador interno. Introduce en él tu nombre completo, tu nombre de usuario habitual, tus correos electrónicos y, si la plataforma lo soporta, tu número de teléfono. De este modo puedes identificar cuentas antiguas que ya no recordabas o menciones que pasaron desapercibidas.

Es posible que detectes perfiles que usan tu nombre, tus fotos o parte de tu información personal sin que los hayas creado tú. Eso puede ser un simple error o un intento claro de suplantación de identidad. En ambos casos, revisa esos perfiles con cuidado y, si no son tuyos, recurre a las opciones de denuncia que ofrece cada red social para pedir su retirada.

En tus propias cuentas, dedica un rato a revisar fotos antiguas, publicaciones, comentarios en los que te han etiquetado y listas de amigos o seguidores. A veces, la información más sensible no es lo que tú publicaste, sino lo que otros compartieron sobre ti, etiquetas en fotos comprometidas, comentarios fuera de contexto o publicaciones en las que se te menciona con datos que preferirías no mostrar.

Además de las redes más populares, no subestimes foros temáticos, comunidades de videojuegos, webs de contactos y plataformas profesionales. Si utilizas el mismo apodo o correo para todo, es fácil que se asocien contenidos aparentemente inocentes con tu nombre real.

Comprobar si tus datos y contraseñas se han filtrado

El egosurfing también pasa por validar si datos menos visibles -como usuarios y contraseñas- han quedado expuestos en alguna brecha de seguridad. Aunque no se vean directamente en Google, pueden suponer un riesgo enorme de suplantación y fraude.

Cuando una empresa sufre un ciberataque, los delincuentes suelen robar grandes bases de datos con correos y contraseñas (normalmente cifradas). Esos lotes se venden o se distribuyen en webs especializadas, en la deep web o en la dark web. Con esos datos, los atacantes prueban ataques de relleno de credenciales (credential stuffing): intentan usar el mismo correo y contraseña en múltiples servicios hasta que alguno encaja.

Servicios como Have I Been Pwned permiten introducir tu dirección de correo electrónico para comprobar si forma parte de alguna filtración conocida. Si aparece como comprometida, significa que deberías cambiar la contraseña de inmediato en ese servicio y en cualquier otra plataforma donde hubieras reutilizado la misma clave.

También conviene activar siempre que puedas la autenticación en dos pasos (2FA) en tus cuentas importantes (correo, banca online, redes sociales, servicios en la nube). Así, aunque alguien obtenga tu contraseña, necesitará un segundo factor para entrar (un código SMS, una app de autenticación, una llave física, etc.).

Si detectas actividad sospechosa en tus cuentas -inicios de sesión desde ubicaciones extrañas, correos de restablecimiento de contraseña que no has pedido, mensajes enviados en tu nombre- actúa con rapidez: cambia las contraseñas, revisa los dispositivos conectados y desconecta sesiones abiertas, además de avisar al soporte de la plataforma si crees que ha habido un acceso ilícito.

Qué buscar exactamente cuando haces egosurfing

Para que el egosurfing sea eficaz, no basta con lanzar una búsqueda genérica. Hay que ir un poco más al detalle y revisar ciertos datos clave y sus variantes. Cuanto más sistemático seas, más completo será el mapa de tu huella digital.

Empieza por las combinaciones de nombre y apellidos. Prueba con solo el primer apellido, con los dos, con y sin segundo nombre, apellidos delante del nombre, con coma (por ejemplo, «García, Laura»), con diminutivos o con tildes y sin ellas. Haz búsquedas tanto generales como combinadas con ciudad, empresa, centro de estudios o profesión.

Continúa con tus direcciones de correo electrónico, especialmente aquellas que utilizas o has utilizado para registrarte en redes sociales, foros, tiendas online o servicios públicos. Es frecuente encontrar correos visibles en listados de miembros, comentarios antiguos, repositorios de código o boletines.

Incluye también apodos y nombres de usuario que suelas usar en redes, juegos online o servicios de streaming. Aunque no parezcan relacionados con tu nombre real, muchas veces aparecen asociados a tu foto, a tu voz en un vídeo o a otros datos que te identifican claramente.

Otra búsqueda importante es la de números de teléfono y direcciones postales. Introdúcelos con y sin espacios, con guiones, con prefijos nacionales, con el nombre de la calle entrecomillado y combinándolo con la ciudad. Esto te permitirá ver si tu teléfono o tu dirección aparecen en anuncios, bases de datos públicas o páginas en las que no te interesa figurar.

Finalmente, revisa si tu DNI u otros documentos oficiales (número de identificación fiscal, matrícula del coche, etc.) aparece en PDF indexados por buscadores o en boletines. En algunos casos es inevitable que consten en publicaciones oficiales, pero sí puedes valorar si merece la pena solicitar la desindexación de ciertos enlaces o pedir rectificaciones cuando la información sea errónea o excesiva.

Cómo actuar si encuentras información comprometida

Al egosurfear, es bastante probable que aparezca algo que no te guste: fotos antiguas, datos personales demasiado visibles, comentarios fuera de lugar o incluso perfiles falsos. Lo importante es no agobiarse y seguir un orden para decidir qué hacer en cada caso.

En primer lugar, valora el impacto real. No es lo mismo una foto en la que no sales favorecido que un documento con tu dirección completa y tu número de identificación. Pregúntate quién puede ver esa información, para qué podría usarla alguien malintencionado y si afecta a tu seguridad física, económica, laboral o emocional.

A continuación, anota en algún sitio las pruebas de lo que has encontrado: enlaces, capturas de pantalla con fecha, nombre de la plataforma, usuario que lo ha publicado, etc. Esos registros son útiles si tienes que presentar una denuncia, reclamar ante una autoridad de protección de datos o demostrar a una plataforma que ese contenido te afecta directamente.

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Si se trata de contenido que tú mismo publicaste, lo más sencillo es eliminar o restringir la visibilidad desde tu cuenta: borrar fotos, cerrar perfiles antiguos, cambiar la privacidad de publicaciones o editar comentarios para omitir datos sensibles.

Cuando el contenido ha sido publicado por amigos, familiares o conocidos, lo habitual es pedirles que lo retiren o lo restrinjan. Muchas veces no son conscientes del alcance que puede tener una foto en la que se ve tu casa, tu matrícula o tus hijos. Además, puedes configurar en tus redes la revisión previa de etiquetas para evitar que te etiqueten sin tu consentimiento.

Si el contenido lo ha subido un tercero con mala intención -por ejemplo, un perfil que te suplanta, una web que publica tus datos sin base legal o un sitio que difunde imágenes íntimas o violentas- hay que pasar a la vía formal: denunciar a la plataforma, ejercer tus derechos de protección de datos y, en casos graves, acudir a la policía o a la fiscalía especializada en delitos informáticos.

Derecho al olvido y eliminación de resultados en buscadores

En la normativa europea de protección de datos existe el llamado derecho al olvido, que, explicado de forma sencilla, permite pedir a los buscadores que dejen de mostrar ciertos resultados cuando alguien busca tu nombre, siempre bajo determinadas condiciones.

Este derecho no borra el contenido original de la web de origen, pero sí impide que se asocie tan fácilmente a tu nombre en los resultados de búsqueda. Es especialmente útil en casos de información desactualizada, irrelevante para el interés público o claramente dañina para tu reputación que se mantiene accessible sin razón.

Para ejercerlo, normalmente hay que rellenar un formulario en la propia web del buscador (Google, por ejemplo, dispone de un formulario específico para solicitudes relacionadas con el derecho al olvido). En él se detallan los enlaces a eliminar, se explica por qué se considera que deben desindexarse y se adjunta documentación que pruebe tu identidad.

Si la respuesta de la empresa no es satisfactoria o consideras que tus derechos no se han respetado, puedes acudir a la autoridad de protección de datos de tu país (en España, la AEPD). Esta institución puede valorar el caso y exigir a las empresas que cumplan con la normativa, incluida la retirada de enlaces que vulneren tu derecho a la protección de datos y a la propia imagen.

En situaciones especialmente delicadas -por ejemplo, difusión no consentida de imágenes de carácter sexual, violento o que pongan en riesgo grave tus derechos, sobre todo si hay menores o víctimas de violencia de género implicadas- existen canales de actuación rápida, como el Canal Prioritario de la AEPD, diseñado para lograr retiradas urgentes de contenidos.

Configurar la privacidad y denunciar perfiles falsos

Una parte esencial del egosurfing no es solo ver qué hay, sino ajustar bien la configuración de privacidad para evitar que sigan apareciendo datos de más. Casi todas las redes sociales permiten limitar quién ve tu contenido, quién puede etiquetarte o mencionarte y qué partes de tu perfil son públicas.

Dedica algo de tiempo a revisar las secciones de Privacidad y Seguridad en cada plataforma. Reduce al mínimo la información pública (fecha de nacimiento completa, teléfono, dirección, empresa actual, etc.) y crea listas o grupos para segmentar quién puede ver determinadas publicaciones (por ejemplo, separar contactos profesionales de amistades cercanas).

Activa las opciones que te permiten revisar etiquetas y menciones antes de que aparezcan en tu perfil. Así, evitarás que un tercero suba una foto o comentario comprometido y te asocie directamente sin que lo autorices.

Si detectas un perfil falso que utiliza tu nombre, tus fotos o datos personales sin tu permiso, utiliza las herramientas de denuncia de la propia red. Suelen encontrarse en apartados como «Reportar», «Denunciar» o «¿Es tu cuenta?». Aporta toda la información posible -capturas, enlaces, prueba de tu identidad- para que puedan verificar rápidamente que se trata de una suplantación.

En casos de suplantación graves (estafas a terceros, acoso, amenazas, difusión de contenido íntimo robado o extorsión), además de denunciar la cuenta a la plataforma, es recomendable recopilar pruebas y presentar denuncia ante las autoridades. Algunas organizaciones especializadas en ciberseguridad también ofrecen líneas de ayuda gratuitas para asesorarte en estos procesos.

Hábitos para proteger tu privacidad y tu huella digital

El egosurfing es una foto fija de cómo estás ahora, pero lo que de verdad marca la diferencia es adoptar hábitos de higiene digital para que ese retrato no se descontrole con el tiempo. Unos cuantos cambios sencillos pueden reducir drásticamente tu exposición.

En primer lugar, revisa qué compartes y con quién. Antes de subir una foto o escribir un comentario, piensa si estarías cómodo con que lo viera cualquiera dentro de unos años: futuros jefes, familiares, desconocidos. Si la respuesta es «no», quizá sea mejor guardarlo para un círculo muy reducido o no publicarlo.

Recurre a contraseñas robustas y únicas para cada servicio importante, de al menos 16 caracteres combinando mayúsculas, minúsculas, números y símbolos. Para no volverte loco recordándolas, apóyate en un gestor de contraseñas fiable, en lugar de reutilizar siempre la misma clave o guardarla en notas inseguras.

Evita introducir datos sensibles (contraseñas, datos bancarios, documentos personales) cuando estés conectado a redes WiFi públicas, como las de aeropuertos, cafeterías u hoteles, salvo que uses una VPN de confianza que cifre tu tráfico. Estas redes son más vulnerables a escuchas y ataques intermedios.

Mantén siempre tu sistema operativo, tu navegador y tu antivirus actualizados con los últimos parches de seguridad. Muchas campañas de malware, troyanos o ransomware se aprovechan de vulnerabilidades ya conocidas para las que existen actualizaciones, pero que los usuarios no han instalado.

Al final, el egosurfing es solo una pieza más de un conjunto de medidas para moverte por el entorno digital con más cabeza. Revisar qué aparece de ti en la red, ajustar configuraciones de privacidad, usar contraseñas seguras, desconfiar de mensajes sospechosos e informarte sobre técnicas de ingeniería social y fraudes online son pasos que, sumados, permiten mantener tu identidad digital bajo control y reducir significativamente el riesgo de suplantaciones, estafas o exposiciones innecesarias.

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