- Debian ofrece un instalador muy completo que permite configurar idioma, red, usuarios, particiones y escritorio con gran flexibilidad.
- La gestión de paquetes mediante APT y repositorios bien definidos facilita mantener el sistema actualizado y añadir solo el software necesario.
- Un uso correcto de GRUB y de las herramientas de recuperación evita la mayoría de problemas de arranque en instalaciones nuevas o duales.
- Elegir entre Debian y Ubuntu depende del equilibrio que busques entre estabilidad máxima y facilidad de uso para el día a día.
Instalar Debian en un ordenador donde ya usas Linux (o vas a hacerlo por primera vez) no es tan complicado como parece, pero sí conviene seguir un orden y entender qué está pasando en cada fase. Debian es una de las distribuciones más veteranas y estables, y dominar su instalador te servirá también para manejarte mejor con muchas otras distros basadas en ella.
En las siguientes líneas vas a encontrar una guía muy detallada y en castellano de España, que combina los pasos oficiales del instalador de Debian con ejemplos prácticos y aclaraciones extra. Verás cómo preparar el equipo, crear el medio de instalación (CD, DVD o, sobre todo, USB), realizar la instalación clásica con la imagen netinst o completa, configurar usuarios, particiones, repositorios, escritorio, GRUB, e incluso qué hacer si algo se rompe por el camino.
Qué necesitas antes de empezar a instalar Debian
Antes de tocar nada en el disco duro es fundamental revisar requisitos y hacer copia de seguridad. Aunque Debian puede funcionar en equipos modestos, para un uso de escritorio cómodo se suelen recomendar como mínimo:
- Procesador: 1 GHz o superior.
- Memoria RAM: 1 GB como mínimo, 2 GB o más muy recomendable.
- Espacio en disco: a partir de 10 GB para un escritorio básico; mejor 20 GB si vas a instalar bastantes programas.
Si ya tienes datos en el equipo, haz una copia de seguridad antes de continuar. La instalación puede implicar reformatear particiones o discos completos, y un error al particionar puede dejarte sin documentos, fotos o proyectos. Usa un disco duro externo, una memoria USB grande o la nube, pero asegúrate de que todo lo importante esté a salvo.
También es muy recomendable disponer de conexión a Internet estable durante la instalación, especialmente si utilizas la imagen de red o netinst. Este método descarga por Internet solo los paquetes que realmente necesitas, en lugar de incluir todo en varios DVDs, así que ahorras tiempo y espacio, pero dependes de que la red funcione bien.
Debian se puede instalar de varias maneras diferentes: usando DVDs completos (imágenes grandes de varios gigas), usando una pequeña ISO de red (netinst) que ronda poco más de 100 MB y descarga el resto de paquetes desde los repositorios, o a través de una memoria USB booteable. El instalador oficial está pensado sobre todo para la versión estable de Debian, aunque también existen imágenes para la rama de pruebas.
Descargar la imagen ISO y crear el medio de instalación

El primer paso técnico consiste en descargar la ISO de Debian desde la web oficial. Tienes varias opciones, pero las más habituales son:
- Imagen completa (DVD): incluye gran cantidad de paquetes de serie, pensada para instalar sin depender tanto de Internet.
- Imagen netinst: mucho más pequeña; instala el sistema base y descarga el resto desde los repositorios online.
Una vez descargada la ISO, hay que grabarla en un soporte de arranque. Puedes optar por un CD o DVD, pero hoy lo más cómodo y rápido es usar una memoria USB:
- En Windows puedes usar herramientas como Rufus para crear un USB arrancable de la ISO de Debian.
- En macOS puedes recurrir al Terminal o a aplicaciones como balenaEtcher.
- En Linux puedes utilizar el comando dd o herramientas gráficas como Etcher o similares.
Asegúrate de seleccionar correctamente la unidad USB y que quede marcada como booteable, de forma que el equipo pueda iniciar desde ella. Todo el contenido previo del USB se borrará, así que no utilices un pendrive con datos que quieras conservar.
Si prefieres el método tradicional con DVDs, basta con grabar la ISO con cualquier programa de grabación que soporte imágenes ISO, verificando la integridad del disco al final del proceso para evitar errores de lectura durante la instalación.
Arrancar el ordenador desde el USB o DVD de Debian
Con el medio de instalación listo, toca decirle al ordenador que arranque desde él. Inserta el USB o el DVD en el equipo y reinicia. Durante el encendido, tendrás que pulsar la tecla que abre el menú de arranque o la BIOS/UEFI, que suele ser F12, F10, Esc o Supr, según el fabricante.
En el menú de arranque, selecciona la memoria USB o la unidad de DVD como dispositivo de inicio. Una vez aceptado, el sistema debería cargar el menú inicial de Debian. Si ves que sigue iniciando tu sistema anterior, revisa el orden de arranque en la BIOS/UEFI y sitúa el USB o DVD por encima del disco duro.
Al aparecer el menú de Debian verás distintas opciones de instalación. Normalmente encontrarás, entre otras, la instalación clásica en modo texto y la instalación gráfica asistida. Para la mayoría de usuarios, la mejor opción es «Graphical install» (instalación gráfica), mucho más intuitiva y sencilla de seguir que el modo texto.
En versiones antiguas de Debian se podía elegir incluso el kernel desde la línea de arranque (por ejemplo, introduciendo bf24 en el prompt boot: para cargar un núcleo 2.4), pero hoy el instalador selecciona automáticamente un kernel moderno adecuado para tu hardware.
Elegir idioma, ubicación y teclado
Nada más arrancar el instalador gráfico, lo primero que te pedirá es el idioma. Elige el idioma que vas a utilizar en el sistema, por ejemplo Español, y automáticamente el asistente y la mayoría de mensajes pasarán a mostrarse en castellano.
A continuación deberás indicar tu país o región. Esta información sirve para configurar la zona horaria y también para sugerir repositorios de software cercanos geográficamente, lo que suele mejorar la velocidad de descarga de paquetes.
El siguiente paso es seleccionar la distribución de teclado. Es importante que coincida con tu teclado físico (por ejemplo, Español – España) para que al pulsar teclas especiales como la arroba «@» o el símbolo «€» aparezcan correctamente. El instalador ofrece un pequeño campo de prueba para que escribas algunos caracteres y verifiques que todo coincide.
Cuando idioma, región y teclado estén configurados, el instalador ya tiene la base para ofrecerte una experiencia adaptada a tu zona y puedes continuar con las siguientes fases de la instalación sin problema.
Detección de hardware y configuración de la red
Tras las opciones iniciales, Debian comienza a detectar el hardware de tu equipo. En esta etapa copia parte del contenido de la ISO al disco (o a la memoria) para acelerar el proceso y va cargando controladores para que todo funcione correctamente.
Durante esta fase también se configura la red. Si utilizas conexión por cable, lo normal es que el instalador la detecte automáticamente mediante DHCP y no tengas que hacer nada. Si estás en una red inalámbrica, el asistente te mostrará las redes Wi-Fi disponibles para que selecciones la tuya e introduzcas la contraseña.
Debian permite instalaciones netinst que dependen de Internet durante el proceso, y en este caso la conectividad es crítica para descargar los paquetes que no están incluidos en la imagen. Si el instalador no detecta tu tarjeta de red o hay algún problema, puedes optar temporalmente por continuar sin red y configurarla más adelante una vez instalado el sistema.
En este punto también se te ofrece asignar un nombre al equipo (hostname) y, si procede, asociarlo a un dominio. El nombre del equipo sirve para identificar la máquina en la red local, mientras que el dominio suele ser más relevante en entornos empresariales o de servidores. Si no manejas dominios, puedes dejar ese campo en blanco sin problema.
Creación de la cuenta root y del usuario estándar
Una parte clave de la instalación es la gestión de usuarios y contraseñas. Debian distingue entre la cuenta de superusuario (root), con privilegios totales, y los usuarios normales para el día a día.
El instalador te pedirá primero que introduzcas la contraseña para la cuenta root. Conviene que sea una contraseña larga, con mezcla de letras, números y caracteres especiales, ya que cualquier persona que la conozca tendrá control completo sobre el sistema. No la compartas y guárdala en un lugar seguro.
Después debes crear al menos un usuario estándar para uso cotidiano. Se te pedirá el nombre completo de la persona (por ejemplo, tu nombre y apellidos), el nombre de usuario que utilizarás para iniciar sesión y una contraseña para esa cuenta. Esta contraseña también debe ser robusta, porque será la que utilices con más frecuencia.
La filosofía recomendada es trabajar siempre con el usuario normal y recurrir a la cuenta root solo cuando haga falta realizar tareas de administración (instalar paquetes, modificar configuración del sistema, etc.). Así reduces mucho el riesgo de cometer errores graves por accidente.
Configurar la hora, el disco y las particiones
Antes de tocar el disco, el instalador te pedirá que ajustes la zona horaria. Normalmente basta con seleccionar la región y ciudad aproximada; el sistema se encargará de aplicar la hora correcta y de gestionar los cambios de horario de verano/invierno.
Después llega uno de los pasos más delicados: el particionado del disco. Debian, como cualquier distribución GNU/Linux, utiliza particiones y puntos de montaje específicos para organizar el sistema de archivos. Aquí puedes decidir si vas a usar todo el disco para Debian o si vas a convivir con otros sistemas operativos en arranque dual.
El instalador ofrece varios métodos de particionado:
- Guiado: usar todo el disco, ideal para principiantes o cuando el disco está vacío y quieres dedicarlo íntegramente a Debian.
- Guiado con cifrado, que crea un sistema de archivos encriptado para proteger tus datos en caso de pérdida o robo del equipo.
- Manual, pensado para usuarios avanzados que quieren control total sobre cada partición, tamaño, sistema de archivos y puntos de montaje.
Si eliges el método guiado con todo el disco, el asistente te pedirá que selecciones el disco o SSD donde instalar Debian y después la estructura de particiones, por ejemplo:
- Todo en una sola partición (raíz /).
- Separar /home en una partición dedicada para datos de usuario.
- Crear particiones independientes adicionales como /var o /tmp para usos específicos.
Antes de aplicar los cambios verás un resumen detallado de las particiones que se van a crear o modificar. Revísalo con calma; si todo es correcto, confirma para que el instalador formatee las particiones y comience a copiar el sistema al disco. Este proceso puede tardar varios minutos dependiendo de la velocidad del equipo.
Copia de archivos, repositorios y selección de software
En la fase de copia el instalador transfiere el sistema base de Debian al disco y descarga los paquetes adicionales necesarios, sobre todo si estás usando la imagen netinst. Verás una barra de progreso mientras se instalan y configuran paquetes básicos.
Al terminar la copia de archivos, el instalador puede preguntarte si tienes otros CD o DVD con software adicional. Esto era más común cuando la distribución se repartía en varios discos físicos; hoy en día, con los repositorios online, lo normal es indicar que no dispones de más medios físicos y continuar.
El siguiente punto es configurar de dónde se descargarán los paquetes a partir de ahora. Debian te pedirá que selecciones un país o región para elegir un espejo (mirror) cercano y, después, un servidor concreto (por ejemplo, deb.debian.org suele ser una opción muy razonable). Si tu red utiliza un proxy o configuración especial, puedes introducirlo en este momento.
Una vez definidos los repositorios, el instalador actualizará la base de datos de paquetes y descargará las listas más recientes. Además, te preguntará si deseas enviar estadísticas de uso anónimas para ayudar a mejorar Debian; esta opción viene desactivada por defecto y puedes dejarla así si lo prefieres.
Llega luego el momento de elegir qué software se instalará junto con el sistema base. Desde aquí puedes seleccionar:
- El entorno de escritorio (GNOME, Xfce, KDE, LXDE, etc.).
- Roles adicionales como servidor web, servidor de impresión u otras tareas específicas.
- Las utilidades estándar del sistema, que incluyen herramientas básicas muy útiles para que el sistema sea funcional desde el primer arranque.
Si vienes de Windows, la opción más directa y amigable suele ser GNOME, que es el entorno por defecto de Debian y ofrece una interfaz moderna y bastante intuitiva. Para equipos con pocos recursos, escritorios ligeros como Xfce o LXDE pueden ir mucho más fluidos.
Aunque siempre puedes instalar y cambiar de escritorio después, en esta etapa se ahorra tiempo seleccionando el entorno que crees que mejor encaja con tu forma de trabajar. En cualquier caso, recuerda marcar las «Utilidades estándar del sistema» para no acabar con un sistema demasiado pelado sin herramientas básicas.
Instalar y gestionar el cargador de arranque GRUB
Una vez copiado e instalado todo el software seleccionado, queda configurar el gestor de arranque. Debian utiliza GRUB (GRand Unified Bootloader) como cargador principal, encargado de mostrarte el menú inicial y arrancar el sistema operativo adecuado.
El instalador te preguntará si quieres instalar GRUB. En casi todos los casos la respuesta debe ser que sí, sobre todo si no tienes mucha experiencia gestionando arranques. Sin un gestor de arranque correctamente configurado, el sistema no sabrá desde qué partición o disco iniciar.
También tendrás que elegir en qué dispositivo instalar GRUB, que suele ser el disco principal (por ejemplo, /dev/sda). El instalador analizará los sistemas operativos existentes y generará una configuración con entradas para cada uno, lo que permite disponer de arranque dual si convives con Windows u otras distribuciones Linux.
En algunos casos, una nueva instalación de Linux puede sobreescribir el menú de GRUB y hacer desaparecer temporalmente la entrada de otro sistema operativo que ya tenías. Para actualizar y regenerar el archivo de configuración de GRUB, puedes usar el comando grub-mkconfig, redirigiendo su salida a un archivo temporal y luego sustituyendo el archivo de configuración que se encuentra en /boot/grub (siempre haciendo copia de seguridad del original antes).
Si en algún momento decides desinstalar GRUB y volver al cargador de arranque de Windows, la forma de hacerlo depende de la versión de Windows. Con Windows Vista o 7, por ejemplo, puedes arrancar desde el disco de instalación de Windows, acceder a las opciones de reparación, abrir la consola de comandos y ejecutar Bootrec.exe /fixboot para restaurar el arranque de Windows en el disco.
Primer arranque de Debian y actualización del sistema
Cuando el instalador termina su trabajo, te indicará que ya puedes reiniciar el equipo. En ese momento retira la memoria USB o el DVD para evitar que el sistema vuelva a arrancar desde el medio de instalación y pulsa Enter para reiniciar.
Al iniciarse de nuevo, GRUB mostrará su menú de selección de sistemas operativos. Elige Debian (aparecerá marcado por defecto) y espera a que se cargue el entorno de inicio de sesión.
Introduce el nombre de usuario y la contraseña que creaste durante la instalación. Tras iniciar sesión, se cargará el escritorio que hayas elegido antes (GNOME, Xfce, KDE, LXDE, etc.). Si más adelante ves que el escritorio actual no te convence, siempre puedes instalar otro y seleccionar el que prefieras en la pantalla de login, aunque normalmente requerirá reiniciar la sesión.
Lo más recomendable en este primer arranque es actualizar la lista de paquetes y aplicar las últimas actualizaciones de seguridad. Desde la terminal, como root o usando sudo, puedes ejecutar:
apt-get updateoapt updatepara actualizar las listas de repositorios.apt-get upgradeoapt upgradepara instalar las actualizaciones disponibles.
Estas operaciones garantizan que tu Debian recién instalado esté al día y listo para usar con los parches más recientes, reduciendo riesgos de seguridad y corrigiendo posibles fallos ya solucionados en los repositorios oficiales.
Configuración de repositorios y gestión de paquetes en Debian
Una vez tienes el sistema funcionando, es importante entender cómo se gestionan los paquetes en Debian. El corazón de todo esto es APT (Advanced Package Tool), que maneja repositorios remotos y resuelve dependencias entre paquetes por ti.
La lista de repositorios configurados en el sistema se encuentra en el archivo /etc/apt/sources.list. Cada línea que empieza por la palabra clave deb indica una fuente de paquetes, que puede ser un DVD, un repositorio HTTP o FTP, etc. Un ejemplo típico sería:
deb http://ftp.mx.debian.org/debian/ squeeze main
En esa línea se especifica el servidor, el nombre de la distribución y el grupo de paquetes. Debian organiza sus paquetes en secciones como main, contrib y non-free:
- main: paquetes que cumplen todas las políticas de Debian y forman parte de la distribución oficial.
- contrib: paquetes que, aunque cumplen las normas de Debian, dependen de software externo que no siempre es completamente libre.
- non-free: paquetes que no cumplen plenamente las políticas de software libre de Debian, pero que se ofrecen por compatibilidad o utilidad.
Es muy habitual ampliar las líneas de repositorio para incluir contrib y non-free, por ejemplo:
deb http://ftp.mx.debian.org/debian/ squeeze main contrib non-free
Después de modificar la lista de repositorios, conviene actualizar las listas de paquetes con apt-get update. A partir de ahí, podrás instalar, eliminar o actualizar programas de forma sencilla con apt, apt-get, herramientas en modo texto como dselect o frontends gráficos como Synaptic.
Instalación desde DVD y uso de apt-cdrom
Si has realizado una instalación básica usando DVD o CD-ROM, quizá dispongas de varios discos con gran parte de la colección de paquetes de Debian. Para que APT los utilice de forma cómoda, hay que «registrar» cada disco en el sistema.
La herramienta apt-cdrom permite añadir CDs o DVDs como fuentes de paquetes. El procedimiento típico consiste en introducir el disco en la unidad y ejecutar:
apt-cdrom add
Repite el proceso con todos los discos que tengas, y APT se encargará de indexar los paquetes presentes en cada uno. De este modo, cuando pidas instalar un paquete, el sistema sabrá si puede obtenerlo desde los DVDs sin necesidad de recurrir a la red, algo útil en entornos con poca o nula conexión a Internet.
No obstante, dado el tamaño actual de la distribución de Debian (más de 150.000 paquetes), resulta más práctico combinar una instalación básica con acceso a repositorios en línea y descargar solo lo que realmente vayas a utilizar, en lugar de disponer de todos los DVDs físicos.
Instalar herramientas de desarrollo y aplicaciones útiles
Una vez el sistema está actualizado, probablemente quieras instalar herramientas concretas según el uso que le vayas a dar al equipo. Debian facilita la instalación de aplicaciones muy variadas con un simple comando.
Por ejemplo, si necesitas un editor de texto avanzado sin complicaciones, puedes instalar vim y su versión con interfaz gráfica con:
apt-get install vim vim-gtk
Para desarrollo en C y C++ es habitual instalar compiladores, manuales y utilidades con algo como:
apt-get install gcc g++ build-essential gcc-4.4-doc manpages-dev make
Si trabajas con hardware o desarrollo digital, puedes requerir herramientas específicas como ghdl y gtkwave, o librerías relacionadas con USB y comunicación serie, instalándolas también vía apt-get install.
Para acceso remoto seguro se suele instalar el servidor y cliente SSH mediante un comando del estilo:
apt-get install openssh-client openssh-server xinetd
En el terreno científico o de cálculo numérico, aplicaciones como Octave (muy similar en filosofía a MATLAB) se instalan con:
apt-get install octave
También puedes añadir utilidades para gestionar PDF, formatos comprimidos o mensajería instantánea, así como conjuntos extensos de paquetes LaTeX para elaborar documentos y presentaciones profesionales. APT se encarga de resolver todas las dependencias, mostrándote qué otros paquetes se instalarán para que puedas aceptarlos.
Encabezados del kernel y módulos adicionales
Algunas aplicaciones necesitan compilar módulos específicos para el kernel que estás usando. Para ello requieren tener instalados los archivos de cabecera (headers) correspondientes a la versión concreta del núcleo de Linux que está en ejecución.
Primero puedes comprobar la versión de tu kernel con uname -a, que te mostrará algo parecido a la versión y arquitectura del sistema actual. A partir de ese dato, puedes instalar los encabezados adecuados con un comando del estilo:
apt-get install linux-headers-2.6.32-5-amd64
Para no tener que escribir a mano la versión exacta, se puede combinar con la salida de uname, usando una construcción como:
apt-get install linux-headers-`uname -r`
Con los headers instalados, las aplicaciones que necesiten compilar módulos para el kernel dispondrán de toda la información necesaria para hacerlo correctamente y enlazar esos módulos con el núcleo actual.
Errores frecuentes al instalar Debian y cómo resolverlos
Aunque el instalador de Debian es bastante robusto, es posible encontrarse con errores durante el proceso, especialmente en equipos con configuraciones complejas o cuando se intenta reutilizar discos con datos previos.
Uno de los problemas más habituales es el error de particionado, que suele aparecer cuando se intenta instalar Debian en modo arranque dual o cuando el disco tiene particiones antiguas o conflictivas. El instalador puede no reconocer bien el esquema actual o detectar solapamientos entre particiones.
La solución más segura suele pasar por hacer copia de seguridad de los datos y utilizar una herramienta como GParted para limpiar o reorganizar las particiones antes de lanzar de nuevo la instalación. De este modo se evitan conflictos y se parte de una tabla de particiones coherente.
Otro error típico es el fallo de arranque tras la instalación, cuando Debian no llega a iniciarse o el gestor de arranque GRUB no aparece correctamente. En estos casos se puede utilizar el medio de instalación para entrar en modo rescate y reparar GRUB con las herramientas adecuadas, regenerando la configuración o reinstalándolo en el disco correcto.
Los errores de red durante la instalación también son relativamente comunes. Pueden deberse a tarjetas de red no soportadas, cables defectuosos o configuraciones de red poco habituales. Comprobar físicamente la conexión, revisar la contraseña Wi-Fi y, si hace falta, configurar a mano IP, máscara, puerta de enlace y DNS, suele resolver muchos de estos problemas.
Por último, a veces el instalador se queja de errores de paquetes, normalmente cuando no puede descargar o instalar dependencias necesarias. En estos casos conviene revisar que los repositorios configurados son correctos, que el servidor está accesible y, una vez dentro del sistema, ejecutar apt update para asegurarse de que las listas de paquetes están actualizadas.
Debian frente a Ubuntu: qué tener en cuenta al elegir
Aunque este texto se centra en Debian, es imposible ignorar a Ubuntu, ya que muchas personas se preguntan cuál de las dos distribuciones instalar cuando se acercan por primera vez al mundo Linux.
Debian es una de las distribuciones pilares del ecosistema, sobre la que se basan multitud de otras distros. Destaca por su estabilidad, su enfoque en la seguridad y su carácter muy adecuado para servidores y usuarios avanzados que valoran un sistema que pueda estar funcionando 24/7 sin sobresaltos.
Además, Debian apuesta fuertemente por el software libre y la transparencia. La rama estable recibe actualizaciones cuidadosamente probadas, y aunque no siempre integra las versiones más nuevas de cada programa, ofrece un equilibrio muy sólido entre novedad y fiabilidad.
Ubuntu, por su parte, es un derivado de Debian mantenido por Canonical, pensado para ser especialmente amigable con los recién llegados. Ofrece ciclos de lanzamiento regulares, herramientas propias de configuración y una experiencia de escritorio muy pulida desde el primer minuto, convirtiéndose en una puerta de entrada muy cómoda al universo Linux.
A la hora de elegir, conviene pensar en el uso que darás al equipo y en tu experiencia previa. Si buscas máxima estabilidad, control y no te importa dedicar algo más de tiempo a entender el sistema, Debian es una apuesta excelente. Si, en cambio, prefieres una distribución más «para todos los públicos» con decisiones preconfiguradas, Ubuntu puede resultar más inmediata.
Con todo lo anterior, instalar Debian sobre un equipo con Linux o desde cero supone aprender a manejar uno de los instaladores más completos y maduros del mundo GNU/Linux, comprendiendo cómo se reparten las particiones, cómo se organizan los repositorios, qué papel juega GRUB y cómo modular el sistema con paquetes bien gestionados; una vez superado ese proceso, contarás con una base extremadamente sólida y flexible sobre la que construir cualquier entorno de trabajo, servidor o laboratorio que se te ocurra.