- Apple desarrollará gafas inteligentes sin pantalla centradas en audio, cámaras e IA avanzada.
- Se espera un lanzamiento comercial hacia 2027 con precios entre 200 y 600 euros.
- El dispositivo apostará por el diseño en acetato y una integración total con el ecosistema iPhone y Siri.

Llevar gafas graduadas suele ser un quebradero de cabeza, no solo por la vista, sino por el bolsillo. Cualquiera que haya pisado una óptica normal sabe que renovar las monturas puede costar unos cuantos cientos de euros, y si te acercas a marcas de lujo como Prada o Dior, el precio se dispara a niveles astronómicos. Es un sector que lleva décadas funcionando igual, mezclando la necesidad médica con el postureo y la moda, hasta que gigantes como Meta decidieron meter la mano con sus Ray-Ban inteligentes.
En este escenario, Apple no se ha quedado de brazos cruzados, aunque se lo ha tomado con calma. Mientras que el Vision Pro es una bestia de la computación espacial para un público muy concreto, Cupertino está cocinando algo mucho más cotidiano. El objetivo no es crear un gadget raro, sino un accesorio de moda que la gente quiera llevar puesto todo el día, siguiendo la misma receta que usaron con el Apple Watch para conquistar la muñeca de millones de personas.
Un diseño pensado para el día a día
El proyecto, conocido internamente como N50, huye de la estética futurista y aparatosa. Apple quiere que sus gafas parezcan normales, por lo que han apostado por el uso de acetato, un material típico de la óptica de alta gama que es mucho más resistente y elegante que el plástico corriente. No quieren que lleves un ordenador en la cara, sino unas gafas bonitas que se integren con tu estilo.
Para que haya una opción para cada quien, se han filtrado al menos cuatro estilos diferentes. Veremos desde monturas rectangulares grandes, muy parecidas a las míticas Wayfarer, hasta diseños más finos inspirados en las que usa Tim Cook, pasando por versiones ovaladas tanto compactas como más amplias. En cuanto a los colores, los que están sobre la mesa son el negro profundo, el azul océano y el marrón canela.
Un detalle clave para reconocerlas a leguas será el diseño de las cámaras. A diferencia de los círculos que popularizó Meta, Apple optaría por cámaras ovaladas orientadas en vertical, acompañadas de luces LED que avisarán cuando el dispositivo esté capturando imágenes, priorizando así la privacidad del entorno.
¿Qué podrán hacer realmente estas gafas?
Lo primero que hay que dejar claro es que, en su primera versión, estas gafas no tendrán pantalla integrada en los cristales. Nada de superponer mapas o mensajes sobre la realidad aumentada; eso vendrá más adelante. El enfoque actual es la simplicidad: cámaras, audio y una inteligencia artificial que nos facilite la vida sin distraernos con imágenes en el lente.
En cuanto a sus capacidades, destacan los siguientes puntos:
- Fotografía y vídeo: Permitirán capturar momentos y grabar clips (incluyendo vídeo espacial) mediante toques en la patilla o comandos de voz.
- Audio envolvente: Tendrán altavoces integrados en las varillas para escuchar música, podcasts o gestionar llamadas sin sacar el móvil.
- Siri avanzado: El asistente será el núcleo del dispositivo, capaz de leer notificaciones y dar indicaciones de navegación a pie.
- Visual Intelligence: Gracias a las cámaras, podrán reconocer objetos, leer etiquetas nutricionales o identificar tarjetas de visita al instante.
Una de las funciones más curiosas que se rumorean es la lectura de labios. Gracias a una cámara secundaria de baja potencia, Siri podría entender órdenes que el usuario simplemente susurre o gesticule, permitiendo una interacción mucho más discreta en público.
El cerebro detrás de la montura

Para lograr que las gafas no sean pesadas ni se calienten, Apple no intentará meter un procesador de iPhone ahí dentro. En su lugar, utilizarán un chip personalizado basado en la serie S del Apple Watch. Esto significa que el procesamiento pesado, como la inteligencia artificial generativa o la gestión de la música, recaerá directamente sobre el iPhone que lleves en el bolsillo.
Esta estrategia de dependencia es inteligente: permite que la batería dure más y que el precio sea más contenido. De hecho, se estima que el coste podría rondar entre los 200 y 600 euros, situándose justo en el rango de lo que gastamos en unas gafas de marca convencionales, lo que las hace extremadamente atractivas para el gran público.
Para que todo esto funcione, Apple está reconstruyendo Siri desde cero utilizando modelos de lenguaje masivos. Esta nueva versión, que llegaría con iOS 27, es la pieza fundamental; sin un asistente que sea contextual, natural y fiable, las gafas serían poco más que un juguete caro.
Estrategia de mercado y fechas de lanzamiento
Apple ha dado un giro drástico en sus prioridades. Han decidido poner en pausa el proyecto «Vision Air» (una versión barata y ligera del casco Vision Pro) para volcar todos sus ingenieros en las gafas inteligentes. La empresa ha comprendido que es mucho más viable convencer a la gente de usar gafas ligeras de diario que un visor pesado de realidad mixta.
Aunque inicialmente se hablaba de un lanzamiento en 2026, parece que la tecnología de inteligencia visual aún necesita tiempo para madurar. Apple prefiere llegar tarde con un producto redondo que llegar a tiempo con algo que decepcione. Por ello, la fecha más probable para verlas en tiendas es finales de 2027.
El verdadero objetivo de Tim Cook no es solo pelear con Mark Zuckerberg y Meta, sino asaltar el mercado de la óptica tradicional. Apple quiere quitarle clientes a gigantes como EssilorLuxottica o Safilo, convenciendo al usuario de que la estética y la integración con el ecosistema son razones más que suficientes para dejar de ir a la óptica de siempre.
Si todo sale según lo planeado, pasaremos de unas gafas sencillas con audio e IA en 2027 a una segunda generación con pantallas integradas hacia 2028 o 2029. De momento, el camino es convertir la gafa en el siguiente gran accesorio indispensable, transformando la forma en que interactuamos con el mundo y la información sin necesidad de mirar una pantalla cada cinco minutos.
